
Cómo reconocer a un imbécil (y aprender a convivir con ellos)
Conversación con Juan Carlos Cubeiro. En todos los ámbitos de la vida —empresa, sociedad, familia o comunidad— aparecen personas cuya actitud, forma de actuar o falta de criterio termina afectando a los demás. No siempre se identifican fácilmente: a veces se esconden tras cargos, apariencias de autoridad o incluso tras una mediocridad cómoda que les permite pasar desapercibidos.
Para reflexionar sobre este fenómeno conversamos con Juan Carlos Cubeiro, experto en liderazgo, talento y desarrollo de personas. Con él abordamos una cuestión que todos, en algún momento, hemos tenido que enfrentar: cómo identificar determinados comportamientos que dificultan la convivencia y el buen funcionamiento de equipos y comunidades.
Macarena Perona: Definir lo que parece obvio, pero veamos que nos cuenta. Antes de poder reconocer ciertas conductas, conviene aclarar conceptos. En el lenguaje cotidiano la palabra “imbécil” se utiliza con facilidad, pero ¿qué hay realmente detrás de ese término? ¿Cómo definiría usted a un imbécil desde una perspectiva humana y profesional?
Juan Carlos Cubeiro: Desde el punto de vista técnico es la definición de aquella persona con coeficiente intelectual bajo. Según la real academia de lengua española, hablamos de un tonto, y de segunda ascepción, hablamos de un insulto.
A veces se utiliza como sinónimo de la palabra idiota, aunque realmente el idiota es aquella persona poco interesada por la vida política y pública. Realmente un imbecil es coloquialmente un cretino.
Luego veremos por qué tiene tanto sentido esta definición de la que nos habla JCC.
Macarena Perona: Los disfraces del comportamiento tóxico, en muchas ocasiones estas actitudes no aparecen de forma evidente. Se presentan camufladas en formas aparentemente inofensivas o incluso aceptadas dentro de las organizaciones. ¿Bajo qué disfraces suelen aparecer estos perfiles? ¿Se esconden tras la mediocridad, la insuficiencia profesional o incluso tras una falsa seguridad?
Juan Carlos Cubeiro: Efectivamente en la persona coexisten 3 cerebros, el visceral, el emotivo y el intelectual. La realidad científica nos presenta que podemos encontrarnos con distintos tipos de imbéciles. Los que no saben gestionar sus impulsos, no son aptos para una convivencia social, se dejan llevar por su cerebro reptiliano. Los segundo que son malos gestores de las emociones y de ahí que maltraten emocionalmente a las personas de su alrededor. Y en último lugar, los que denomino los de cerebro asnamel, vamos los que son unos burros, porque son personas de poco intelecto.
En los tres casos convivir con ellos lo único que te dará es la opción de sus ocurrencias poco trascendentes. Al mismo tiempo su propia oscuridad arrojará luz en tu día a día, ya que podrás ver que tus pensamientos son mejores.
Lo más trascendente de la convivencia con estas personas es que sus ocurrencias son absurdas. No hay más, sinceramente. Lo mejor es no engañarnos a nosotros mismos.
Macarena Perona: Diferenciarlos de otros perfiles difíciles. No todas las personas complejas responden al mismo patrón. En los equipos encontramos desde líderes débiles hasta perfiles inseguros o profesionales poco preparados. ¿Cómo podemos diferenciar a un imbécil de otros perfiles complejos como los sublíderes, los inseguros o los incompetentes circunstanciales?
Juan Carlos Cubeiro: Lo primero es no entrar en juicios de valor, ya que no es lo mismo estar al frente de un mediocre que de un imbecil que es mediocre. Es decir, no todo los mediocres son imbéciles, aunque sí suceda en caso contrario. Igual sucede con los psicópatas, con los tóxicos, no necesariamente deberán de ser todos ellos imbéciles. Su necedad les lleva a pensar que son más listos que los demás, denominada en el mundo judeo-cristiano como soberbia, basicamente. Ellos siempre se creen más listos que el resto de la humanidad.
Según lo que nos advierte el propio JCC podríamos decir que los imbéciles se autoreconocen entre sí como parte del grupo, pero son incapaces de ver en sí mismos la incompetencia para consigo mismo.
Según lo que nos expone Cubeiro todo proviene de la capacidad de ser humildes, de querer aprender, mejorar, de según nos ha expresado durante esta curiosa entrevista, de tener un “Aleluya”. Es decir, un despertar, nos recuerda dos películas que podrían estar relacionadas con el tema, la pelicula de Barden: “El Buen Pastor”, y la película “El día de la Marmota”. En ambos casos se aprecia la incapacidad para salir de la circunstancia, por falta de ímpetu, de humildad. Nos dice que además de poder cambiar debe existir otra premisa, la de querer cambiar.
Macarena Perona: La convivencia inevitable. En la vida real no siempre podemos evitar convivir con este tipo de personas. En empresas, comunidades o incluso entornos familiares es frecuente tener que relacionarnos con ellas. ¿Cómo podemos aprender a convivir con este tipo de perfiles sin que condicionen nuestro propio desarrollo o bienestar?
Juan Carlos Cubeiro: Buen punto es este que nos planteas Macarena, lo mejor es minimizar su relación es la única clave que disponemos para tener una buena gestión. Si empezamos desde más arriba, deberíamos empezar por la gestión del talento, desde la selección de personal en una organización empresarial, buscando a buena gente, a gente humilde, generosa, gente con potencial. Y entonces la gestión de imbéciles en un entorno profesional se reducirá; obvio en la vida personal es más dificil poder limitar el acceso cuando de forma general tratamos con los habituales “cuñaos” que todos tenemos.
Tratar con determinadas actitudes requiere inteligencia emocional, pero también límites claros. ¿Qué tipo de trato debemos darles? ¿Es mejor confrontar, ignorar o establecer reglas claras de relación?
Juan Carlos Cubeiro: Me gusta usar un proverbio ruso que dice: “No enseñes a un cerdo a bailar tango, porque quizá se marea y mancha todo de barro”.
La relación con un imbecil es clara, limita tu relación con él. No podemos darles más tiempo en nuestra vida. Si no cabe esa alternativa, debemos encajar las circunstancias desde la autoconfianza, es decir, con sentido del humor, sabiendo que no puede tener lógica lo que nos diga. Y en tercer lugar, desde la insatisfacción de no poder ayudarles, porque en la mayoría de los casos no quieren cambiar de idea. No quieren dejar de ser imbéciles. No se reconocen como tales, aunque sí le duele verse inferiores en inteligencia.
Debes aislarte de un imbécil, tanto en la vida personal con una relación conyugal, con una relación amistosa o en la laboral.
Si volvemos al punto en el que estábamos, cuando un imbecil se ve inferior a un ser más inteligente, y verifica que ha sido aislado, es decir, que no le afecta aquello que de forma tóxica ha intentado aplicar al otro individuo, intenta atarcar de forma maliciosa a un lado más personal, y ocasionar daño al entorno.
Es aquí cuando debemos aplicar las reglas de la inteligencia inter personal y la intra personal. Es decir, sabiendo que no debemos vernos afectados por los comentarios de un necio, ni que me contagie de su pensamiento necio.
Porque en las organizaciones empresariales, la cultura empresarial es, cuanto menos, biológica y, máxime, expresión de una inteligencia cultural compartida. Es decir, si estamos en un entorno brillante mi inteligencia mejorará por mi entorno, pero si me desarrollo en un entorno mediocre mi pensamiento no evolucionará, sino que se asimilará a la rasante. Somos más cultura que biología.
El problema se agrava cuando estos comportamientos se encuentran dentro de estructuras organizadas: empresas, colegios, asociaciones o comunidades de vecinos. Cuando estos perfiles ocupan posiciones dentro de equipos o estructuras jerárquicas, ¿cómo se debe actuar para evitar que generen disfuncionalidades en el grupo?
Juan Carlos Cubeiro: Como explicaba el antídoto para los imbéciles solo puede ser la isla, dejarles aislados ante sus propios pensamientos. Lo contrario expandirá el virus.
Macarena Perona: El impacto psicológico de tolerarlos. Permitir que ciertos comportamientos se normalicen puede tener efectos importantes en el clima de una organización y en la salud mental de quienes los rodean. ¿Qué consecuencias puede tener para el bienestar emocional y la salud mental convivir durante mucho tiempo con este tipo de personas sin poner límites?
Juan Carlos Cubeiro: Por supuesto afecta a nuestra salud mental, nos genera ansiedad y estrés, ya que no somos capaces de aplicar coherencia entre lo que pensamos, expresamos, queremos y podemos hacer, ya que con un imbécil es muy dificil dialogar. Por ello afecta a nuestra salud mental. El remedio para cuidar nuestro bienestar es ser AUTÉNTICO, reforzar nuestra autoconfianza y saber que mi pensamiento siempre será mejor que el de alguien menos influyente intelectualmente hablando.
Macarena Perona: La clave final. Más allá de identificarlos, la verdadera cuestión es cómo saber si no somos nosotros los imbéciles.
Juan Carlos Cubeiro: Si trascurridos 15 minutos no somos capaces de identificar al imbecil entre un grupo, lo más probable es que seamos nosotros mismos. Igual que en una partida de poker. La regla del 80/20 nos incide en el crecimiento del equipo. Si el 80 porciento de la compañía es imbecil, mi tendencia será a cero en el crecimeinto, y por ende al decrecimiento.
Si mi compañía es de un 80 porcierto de personal inteligente, aunque pertenezca al otro grupo, por cultura tenderé al crecimiento. Si, y solo si, estoy dispuesto a tener una actitud humilde, quiero aprender y mejorar, y mi actitud es de ganador. Querer cambiar por aspiración o por desesperación
Elegir dejar de ser un imbécil y trabajarlo. Creo que debemos dejar de asimilarlo a un insulto y empezar a ser consciente que es una capacidad que debemos poder mejorarlas en las personas, no como imposición, sino como parte del crecimeinto personal de cada individuo. Porque como ya he mencionado, o un imbecil trasciende en su propio despertar o poco podremos hacer. Lo mejor, al fin y al cabo, es salir de aquella organización donde nuestro equipo tenga un pareto de 80% de imbéciles.
Es imposible dejar a nadie indiferente con esta entrevista sobre cómo descubrir a los imbéciles que conviven entre nosotros, o quizá darnos cuenta de que desde hace mucho tiempo somos los imbéciles de nuestra propia manada. Lo que me parece más enriquecedor es saber que como cerebros plásticos que nos escupe la ciencia que somos, podemos cambiar, si nos lo proponemos desde el éxtasis de la luz de la inteligencia, quizá al leer esta entrevista, quizá en la desesperanza de la falta de cambio de nuestra vida, o porque como Saulo caigamos del caballo. Lo único que nos queda tras el liderazgo que nos muestra Juan Carlos Cubeiro es saber que las cosas no son sólo malas, sino que tienen luces y sombras de una misma realidad.
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